Jacinto Rodríguez Munguía
Fotos: AFP


Esta semana el gobierno de Estados Unidos dejó de lado los dobles discursos sobre migración y buena vecindad, y estableció, de una vez, sus reglas del juego: un desplazamiento de seis mil efectivos de la Guardia Nacional, un muro de 600 kilómetros y la construcción de 800 kilómetros de barreras para vehículos, todo para detener el flujo migratorio. “Este es apenas el comienzo, la ruta por donde irán las decisiones del gobierno de George W. Bush, el endurecimiento de las medidas de seguridad”, previene el presidente del Colegio de la Frontera Norte, Jorge Santibáñez, quien analiza el momento que vive la relación México-Estados Unidos, uno que no permite avizorar un buen horizonte.

Jacinto Rodríguez Munguía
FoTOs: AFP
Ante la magnitud de las decisiones del gobierno de Estados Unidos y los efectos negativos para la economía y la seguridad de millones de familias mexicanas, “la respuesta del gobierno de Vicente Fox y del secretario de Relaciones Exteriores, Luis Ernesto Derbez, ha sido apenas una toma de nota, insuficiente, ingenua de algún modo”. Para Jorge Santibáñez, presidente de El Colegio de la Frontera Norte y respetado conocedor del tema, cuando menos hay tres razones que explican el desplazamiento de la Guardia Nacional a la frontera y la decisión de instalar muros que se aplicaron esta semana:
1) Representa un mensaje a las fuerzas conservadoras de su país que le han venido cuestionando su papel ante el tema migratorio;
2) Un mensaje de desconfianza hacia el gobierno de México. De algún modo está diciendo que el gobierno mexicano no ha sido capaz de controlar el flujo migratorio ni establecer mecanismos reales para que éste disminuya, que es incapaz de tener el control de la frontera de su territorio
3) Bush establece el camino por donde se habrá de abordar en el futuro el tema migratorio. De cierto modo, es un anuncio de las medidas que se habrán de tomar.
En concreto, para el gobierno de Estados Unidos, México no es un socio confiable.
Estas medidas, señala Santibáñez, son una muestra de que al gobierno estadunidense no le preocupaban tanto otros problemas paralelos a la migración como el económico, social o político: fundamentalmente era el asunto de la seguridad.
El gobierno mexicano se equivocó en la lectura del menú del gobierno estadunidense sobre el tema migratorio.
Doctor en matemáticas por la Universite Louis Pasteur Strasbourg I, Francia, Santbáñez considera que falló la negociación de parte del gobierno mexicano. De hecho, la negociación nunca fue buena, aunque habrá que reconocer que el hecho mismo de poner el asunto en la mesa del debate el tema migratorio. Eso es sin duda un avance.
Recuerda que la propuesta sobre el tema migratorio que propuso Jorge G. Castañeda, primero secretario de Relaciones Exteriores en el gobierno de Vicente Fox, y que se le identificó como la apuesta a la “enchilada completa”, era una propuesta que buscaban integrar en un solo tema todas las variantes del problema migratorio.
Me parece, dice, que por lo menos desde un sector del gobierno y el congreso estadunidense, se llegó a entender que las negociaciones implicaban asumir un sentido de corresponsabilidad. La pregunta que terminaron haciendo es qué se entendía desde México por corresponsabilidad. Una señal de por donde iban las cosas, al menos una señal, fue uno de los discursos del senador Edward Kennedy, donde establecía que ellos estaban haciendo su trabajo, que México hiciera el suyo.
Otra fue el documento que se publicó en octubre en varios diarios de EU en donde el gobierno mexicano asumía la corresponsabilidad de controlar las fronteras para frenar el paso de indocumentados hacia el norte, pero de nueva cuenta se quedó todo en documento. No hubo acciones concretas a partir de ese desplegado. Lo que sigue es ver, desde esa perspectiva, qué fue lo qué pasó y quién desde México tendrá que asumir las responsabilidades
“Más que una reacción de parte de los funcionarios de la Secretaría de Relaciones Exteriores y del mismo presidente Vicente Fox a las medidas tomadas esta semana, lo que parece que se está haciendo es una mera toma de nota. Y si consideramos que estas medidas (la decisión de instalar muros adicionales y enviar a la Guardia Nacional) no solamente afectará la economía de millones de familias mexicanas, sino la vida de millones de mexicanos que intentarán cruzar la frontera, uno esperaría algo más que una toma de nota. Insuficiente, sino es que ingenua”.
Lo que el titular de Relaciones Exteriores, Luis Ernesto Derbez, ha hecho es seguir el manual de las relaciones diplomáticas, que es la toma de nota sobre un asunto. Pero esto va más allá de la toma y el envió de una nota.
Este sería un buen momento para que el gobierno mexicano reconociera las limitaciones. Una posición cargada de realidad, de decir que estas medidas sí afectan la buena vecindad. Proponer vías alternativas. Hay que decir que se detenga este proceso, que no se va a controlar el problema migratorio vulnerando la soberanía con muros y guardias. Que pueden hacer sus muros, pues estén en sus derechos, pero eso claramente vulnera la buena vecindad.
Para el especialista, algunos de los efectos que tendrán la instalación de muros y desplazamientos de guardias, serán: el rompimiento de la llamada circularidad migratoria. Esto es, que serán menos los migrantes que regresen a México, por lo que serán más los que se queden y luego se lleven a sus familias. Aumentarán las ganancias del crimen organizado. Si ahora cobran unos cientos de dólares por trasladar migrantes, los costos aumentarán hasta unos dos mil 500 dólares. Y también, y más grave, habrá un registro mayor de fallecimientos, pues aunque estas medidas complican el paso, el flujo de migrantes no cederá.
—¿Cómo resumir el papel del gobierno de Fox?
—Hay que reconocer una ganancia neta: el gobierno, por primera vez, puso sobre la mesa el discurso y debate migratorio. Eso, aunque parezca menor, no lo es. En este asunto, los gobiernos asumieron la estrategia del avestruz. El mérito de Fox es haber sacado la cabeza, aunque se quedó en eso, pues al final no se alcanzó la enchilada completa, ni se generaron los mecanismos institucionales que se coordinaran para que esto tuviera éxito.
—¿Cuál será el efecto en la economía en las remesas?
—El Banco de México se preocupa por medir el dinero que entra. No se preocupa por lo social y el desarrollo y cuando eso se trata de traducir se dan cuenta de las contradicciones de ese discurso exitoso. De hecho han generado una metodología para medir el dinero que entra, pero no para saber si son remesas.
Es increíble que en estados como Chiapas se reciban remesas de tres mil dólares mensuales por hogar, eso no pude ser cierto. No checa con la realidad. Y ahí tenemos elementos para analizar: el tráfico de migrantes centroamericanos, una guerrilla que no sabemos bien a bien cómo y de dónde, iglesias que reciben recursos de Estados Unidos, y eso al Banco de México no le interesa. No hay ningún dato que nos diga que esas remesas lleguen exactamente a los hogares de migrantes. No más no es posible.



 





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