Por Jacinto Rodríguez Munguía
Imágenes tomadas del documental
Halcones, terrorismo de Estado del Canal Seis de Julio, en exclusiva para emeequis


En Halcones, terrorismo de Estado, el más reciente documental del Canal Seis de Julio, se vuelve a mostrar, sin matices, que la revisión de la historia sigue abierta. Carlos Mendoza y Jesús Martín del Campo vuelven a revisar la herida de aquel 10 de junio de 1971, la tarde en que los Halcones y sus varas de bambú cayeron sobre los rostros, los cuerpos; la tarde de aquel jueves de Corpus en que un grupo de hombres dejaba caer su furia y sus balas contra cientos de estudiantes. En el documental se revelan nuevas imágenes, como la de aquellos autos desde donde se provee a los Halcones de las armas; los apoyos militares; la sonrisa de un Luis Echeverría Álvarez frente
al silencio de los sobrevivientes.
Este es un adelanto del documental que, con autorización del Canal Seis de Julio, presenta emeequis.

El auto azul, tipo Falcon disminuye la marcha sin detenerse, apenas para que un enjambre de hombres de gestos duros se arremolinen, crucen claves, instrucciones y vuelvan a la batalla, en permanente carrera blandiendo las varas de kendo en el aire.
A unos metros, las varas caen sobre los cuerpos de estudiantes, los gritos de dolor se escapan de los cuerpos, entre los sonidos de ambulancias y los disparos que comienzan a sustituir a los palos orientales. Es 10 de junio de 1971 y es la tarde de los Halcones.
Son las primeras imágenes a color de la tarde de los Halcones. Las primeras secuencias grabadas en formato de 16 milímetros que se conocen y que durante años estuvieron enlatadas en los archivos de la National Broadcasting Company (NBC) y que tras un largo trabajo de búsqueda e investigación, Edmundo Martín del Campo y el equipo del Canal Seis de Julio lograron encontrar. Son casi 15 minutos de grabación hasta ahora desconocidos.
En Halcones, terrorismo de Estado, documental del Canal Seis de Julio y que a partir de esta semana se comienza distribuir, no solamente están estos minutos desconocidos de grabación realizadas por el camarógrafo estadunidense Anthony Halik. El equipo de investigación localizó en los archivos de la UNAM fotografías, grabaciones, y otros materiales visuales que hacen que este trabajo tenga, calcula el director Carlos Mendoza, 90 por ciento de material inédito.
La asfixia y el recuerdo
A Jesús Martín del Campo y a su hijo, Edmundo, se debe en gran medida que estos materiales puedan conocerse. La necedad, la insistencia, le negativa a aceptar que el tiempo es igual a olvido. Negarse a olvidar que esa tarde, entre los muertos, quedaría Edmundo, el hermano menor de Jesús.
Minuto 24 del documental.
“Y ahí estaban los cuerpos tirados, encimados…” Las palabras se le congelan en la garganta a Jesús Martín del Campo y lo único que queda es el silencio, una sensación de asfixia que se aparece cada vez que surge el recuerdo de aquella tarde, cuando irrumpe la imagen del hermano muerto…
El próximo 10 de junio se cumplirán 35 años. Jesús Martín del Campo recuerda en el documental las horas que siguieron al ataque de los Halcones. “Mi madre y yo nos dimos a la tarea de buscar a mi hermano en el Semefo (Servicio Médico Forense) …ecuerdo que un trabajador de allí nos dijo que sí, que eran muy jóvenes los que habían fallecido, los que estaban ahí… y le dijo (…) dirigiéndose a mi madre, que ‘era muy fuerte y que, que guapote estaba su hijo, hija de la chingada’… así le dijo a mi madre…”
Son las horas siguientes a la matanza y el recuerdo vuelve: … “Nos lo entregaron ya muy tarde (el cuerpo de su hermano), ahí me encontré con otros familiares que iban por los cuerpos de sus muertos… había mucho enojo…”
A partir de los materiales inéditos que contiene el documental Halcones, terrorismo de Estado, el Canal Seis de Julio abre otras lecturas, tomando como punto de partida y arranque del discurso visual la tarde del 2 de octubre, los muchachos corriendo y las botas militares golpeando la lajas; por ahí, un grupo de madres llorando.
Carlos Mendoza rompe esas piezas de tragedia con una imagen de ironía y euforia, los rostros del poder: Gustavo Díaz Ordaz, flanqueado por el general Marcelino García Barragán, en un abrazo, las sonrisas estallando y de ahí a la consagración del otro poder, el de Luis Echeverría Álvarez. Es la toma de posesión y la noche del brindis.
Un salto y estamos en la tarde del 10 de junio.
Minuto 19:19 del documental.
El hombre de la camisa azul y pantalón gris trata de esquivar los garrotazos que caen sobre su cuerpo. Está arrinconado contra un puesto de periódicos. El primer golpe le cae a la altura de la cintura, un segundo pega en el cuello, muy cerca de la cabeza, y la única defensa del muchacho son las manos.
Quien golpea es un correoso hombre de acaso 30 años. Atrás del joven arrinconado se refugia una mujer; otro hombre se aleja trastrabillando. Uno más, sorprendido, apenas alcanza a voltear y, sin detenerse, se aleja con su portafolios.
El hombre de la vara kendo vuelve a tirar. El golpe le alcanza en los brazos y se cubre en un poste de luz. Es el Halcón que, de pronto, suelta la presa, aunque otro ya se acerca, la grabación ya no alcanzó a tomar lo que siguió. En un segundo plano, otros Halcones corren con sus varas kendo hacia otros objetivos y del cuadro huyen sin voltear quienes por ahí pasan. Son los Halcones en acción.
Es imposible contar una a una todas las imágenes del documental, pero también imposible no mirar a esos desgarbados jóvenes explicando, entre risas y un atropellado inglés, los orígenes sociales de su protesta, la necesidad de una apertura democrática; su enfado con el poder. Sonríen. No sospechaban que a unas calles de ahí, desde varios frentes, se desplazaban ya varios camiones y autos donde venían los agresores.
Difícil imaginar de otra manera esa tarde soleada. La mayoría van en camisa, playera, sin nada que no indique que, luego del mitin, regresarían a sus casas. Era solamente una marcha, no una tarde para morir: “…y lo único que queremos es ser libres, queremos nuestra autonomía en la universidad, que Monterrey tenía antes, por eso estamos haciendo esta manifestación”. El objetivo de la marcha era a favor de la autonomía universitaria en Monterrey, Nuevo León.
Es inevitable mirar, más allá de la tragedia que se avecinaba, la despreocupación y el desenfado. Los símbolos y las modas: las barbas y el pelo desaliñado, esos colores que hacen más visible su existencia, que los materializan, que le arrebatan a la memoria aquellas eternas imágenes en blanco y negro con la que se asocia siempre la historia y la muerte. Las calles, los anuncios de las tiendas y los comercios tienen sonidos, tienen eco, brillan incluso en medio de la luz, diría en alguno de sus versos el poeta Fernando Pessoa.
Eran los estudiantes y amanecían los años setenta. Y el sexenio de Echeverría.

 


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