Son diseñadores. Y crearon un blog para quejarse del mundo al mismo tiempo que lo recrean. Su sitio invita a todo cibernauta curioso a participar de la lúdica diatriba que protagonizan.
Los mártires del diseño se presentan como los héroes sin capa, aquellos que luchan por la imagen y que, no obstante su cruzada, son incomprendidos, viven en constante carestía y duermen apenas lo suficiente. Pobrecitos. Aquí te presentamos fragmentos de recientes post, con todo e ilustraciones, y esperamos que los visites en: http://alquimistas.evilnolo.com
Hace poco vi que el buen Adán posteó un link hacia la página de los santos del diseño y después de reflexionar un poco, pensamos: ¿y por qué si hay santos, no hay mártires? Después de todo, ¡en esta carrera sí que sufrimos!
Este post no es más que una simple compilación de algunos puntos con los que seguramente alguien de ustedes se identificará, ya que como muchos sabemos, esto de ser diseñador, en muchos casos nos aleja de la sociedad, convirtiéndonos en unos bichos medios raros y con particularidades y necesidades muy diferentes a las que tendría cualquier otro profesionista. Así que léanlos, reflexiónenlos y compártanlos con quien crean que debe conocerlos.
El monero
Y con este mártir empezamos nuestro listado, porque ¿a poco no es bien bonito que alguien degrade nuestra carrera diciendo que nada más hacemos dibujitos? Afirmaciones como ésta han llegado a situaciones extremas en donde algún cliente potencial… es potencial por la probabilidad que tiene de salir sangrando de la reunión.
El ermitaño
¡Claro que socializamos! Socializamos con la desgraciada impresora que no nos imprime como queremos, socializamos con los que están tirados durmiendo a nuestro lado, socializamos con otros diseñadores que encontramos en la madrugada en el messenger, en fin, demasiada socialización, nada más no nos pidan salir mucho de estos círculos porque entonces con tanta socialización mejor nos dedicamos a la política.
El pordiosero
Parecería que un diseñador casi nunca tiene dinero o está pobre ¿no? Pues es la mera verdad, pero qué quieren que hagamos si por lo general trabajamos sin que nos paguen —los adelantos en diseño no son muy bien vistos en esta sociedad tan “normal”—, por lo general primero nos matamos un par de semanas y luego ya que el cliente ve si le gusta o no lo que hemos hecho, entonces tal vez nos pague.
Y claro que durante todo ese proceso te acabaste tu dinero tomando fotos, haciendo pruebas de impresión, pagando transporte para las juntas, en fin, casi casi le rezas a tu santo favorito para que al menos esos gastos acaben cubiertos después del primer pago.
Más de una vez amigos de otras carreras me han dicho que actualmente no puedo darme el lujo de cobrar bien mis diseños por el puro hecho de que soy estudiante (o sea, aún no soy nadie), pero para esto me dan una solución macabra: “Primero tienes que ser famoso”. ¡Oh, sí… famoso! Y si se puede ultrafamoso y bonito, mucho mejor.
Volándome un poco la barda, pienso que si existieran escuelas de diseño que enfocaran descaradamente su plan de estudios a crear diseñadores dominantes en las áreas para ganar concursos de logotipos y crear fama por ello, sería algo completamente absurdo. A veces creo que a la hora de trabajar muchos adoptan un comportamiento como si su escuela hubiese tenido ese plan.
En conclusión, creo que no es válido catalogar al diseñador como competente en su área con base en los dichosos premios y medallas. No hay que ser “famoso” para ser buen diseñador y cobrar lo justo por los beneficios que traerán nuestros diseños al cliente, y si el cliente no lo ve así, entonces estamos en sintonías diferentes, mejor ahorrarse corajes y buscar otras oportunidades.
Por eso digo:
¡Yo no quiero ser famoso!